EL ESTREÑIMIENTO
Fuente tomada de: Discovery Salud.
FIBER'N PLUS.
Producto recomendado por Omnilife para aportar Fibra a nuestro Sistema Digestivo.
La
dificultad para realizar deposiciones regularmente es posiblemente el
problema más extendido en nuestra sociedad hasta el punto de que seis de
cada diez ciudadanos de los países desarrollados padecen estreñimiento
crónico. Y no sólo es molesto: a la larga el estreñimiento mantenido
puede ser causa de graves trastornos e, incluso, un factor de riesgo en
la aparición del cáncer de colon. Afortunadamente, gran parte del
problema puede obviarse con una alimentación correcta. El
largo tubo digestivo del ser humano no es sólo un mecanismo casi
perfecto capaz de triturar alimentos sino además un complejo laboratorio
químico que extrae, transforma y absorbe los nutrientes que
proporcionan a nuestro organismo la energía necesaria para su
funcionamiento y autorreparación. Un largo tubo de más de ocho metros de
longitud que consigue que la masa formada por los alimentos triturados
en la boca, mezclada con diversos líquidos, avance a través suyo
mediante un movimiento de ondulación -las ondas peristálticas- que
empuja el llamado bolo alimenticio hasta su tramo final, el recto, donde
es eliminado. Otro de los
factores fundamentales para una correcta digestión -y eliminación, por
supuesto- es el agua. En el aparato gastrointestinal penetran más de 9
litros diariamente. Aparte de los dos que nos bebemos -o nos deberíamos
beber-, nos tragamos -sola o mezclada con los alimentos- un litro de
saliva, dos de jugo gástrico y cuatro de secreción biliar. En el
intestino delgado se reabsorben unos 4 a 5 en yeyuno y entre 3 y 4 en
íleon que, en total, hacen unos 8 litros. Al intestino grueso llega
-formando parte del bolo alimenticio- un litro del que se reabsorben
unos 800 cc. y se eliminan unos 200 con las heces. El
colon o intestino grueso tiene, por su parte, una regulación por
mediadores neurológicos y no neurológicos cuyos mecanismos aún no son
bien conocidos pero que, de hecho, influyen de manera decisiva a la hora
de eliminar los restos de la digestión. Y
ahí puede estar el problema. Cuando -por distintos motivos- se retrasa
la progresión del bolo o se retiene en el último tramo del intestino
grueso se produce el temido, molesto y peligroso estreñimiento que
tortura a gran parte de nuestra sociedad.
LAS CAUSAS
Las
causas pueden ser muy variadas. Por supuesto, existe un gran número de
enfermedades que producen ese síntoma (por eso debe consultarse siempre
que aparezca un estreñimiento o, simplemente un cambio del hábito
intestinal) que van desde estrechamientos en cualquier tramo del
intestino -por un cáncer, hemorroides, enfermedad inflamatoria o
infección- hasta lesiones del sistema nervioso central o enfermedades
degenerativas como el Parkinson o el Alzheimer. Pero
la mayor parte de los estreñimientos se deben a los incorrectos hábitos
de vida -falta de ejercicio, comidas rápidas pobres en fibra y malos
hábitos defecatorios-. Y, por supuesto, la farmacofagia (esa costumbre
de tomar fármacos para todo), propia de nuestra sociedad de consumo,
especialmente en el caso de los ansiolíticos, los antidepresivos, la
codeína y otros analgésicos así como los antiácidos compuestos de
aluminio o calcio. Otro problema
es el uso habitual de laxantes, contra lo que está la mayor parte de
los médicos a pesar de que, inconsecuentemente, los prescriben con
frecuencia. Los laxantes de contacto, es decir, aquellos que aumentan la
contractibilidad del intestino, pueden tomarse para resolver un
problema puntual y son rápidos y efectivos. Pero en los casos de
estreñimiento crónico su toma continuada puede acabar produciendo el
efecto contrario. Los de fibra no tienen problema y son más seguros pero
requieren más tiempo. En todo
caso, no hay que confundir con el estreñimiento el colon irritable, que
produce alteraciones en el ritmo intestinal, molestias abdominales y
unas veces deposiciones duras y otras pastosas o, incluso, líquidas.
Este no se trata con laxantes.
LAS SOLUCIONES
En suma, la solución al estreñimiento pasa básicamente por tres acciones: 1)
Beber gran cantidad de agua. La mejor manera de conseguir un buen
tránsito intestinal y una deposición fácil es aportar abundante cantidad
de agua para que ablande las heces y haga más sencilla su eliminación.
No menos de tres litros de agua al día. 2)
Hacer ejercicio. Es fundamental. La deposición se efectúa por una serie
de contracciones de la última parte del intestino grueso -el recto- y
la relajación del fuerte anillo muscular del ano. Pero para una correcta
eliminación tiene que colaborar toda la musculatura del abdomen,
especialmente los poderosos músculos rectos anteriores en lo que se
llama la prensa abdominal. Y eso sólo se consigue con un buen desarrollo
muscular. Claro que no hace falta un entrenamiento como para
competición. Basta con caminar un par horas diariamente con lo que no
sólo se desarrolla y mantiene la musculatura sino que también la propia
postura erguida colabora a una mejor preparación del bolo fecal por la
simple fuerza de la gravedad. Un
ejercicio sencillo que ayuda a una correcta eliminación es - después de
desayunar- ponerse unos 5 minutos en cuclillas, con el cuerpo recto,
apoyándose en la propia taza del inodoro; y después, si es necesario,
defecar en cuclillas de forma que los muslos puedan presionar sobre el
abdomen aumentando la efectividad de la prensa abdominal. Y, 3)
Alimentarse correctamente. Es lo más importante. Porque para lograr un
ritmo intestinal normal hay que proporcionar siempre al intestino la
suficiente fibra. En nuestra
sociedad desarrollada se tiende a hacer una alimentación "fácil" a base
de alimentos que cueste poco masticar y se digieran con facilidad
proporcionando el máximo de calorías con el mínimo de molestias. Y se
abusa de las carnes, las grasas y las féculas de fácil digestión,
especialmente bollería. Con lo que la falta de verduras, cáscaras de
cereales y pieles de frutas hace que los alimentos se absorban en su
mayor parte por el aparato digestivo. Y si además se toma poca agua
(muchas veces sustituida por zumos artificiales, vino o cerveza, que
aportan aún más hidratos de carbono y menor cantidad global de líquido)
el bolo fecal resultante es escaso y duro lo que aumenta las
dificultades para eliminarlo. Una
alimentación equilibrada requiere, pues, un porcentaje adecuado de
fibra, casi tan necesaria como el resto de los componentes de la dieta.
LOS LAXANTES
Hay
muchos tipos de laxantes. Los de contacto o estimulantes intestinales
-con principios activos naturales como la cáscara sagrada, el sen o el
áloe- son posiblemente los más populares, sin duda porque son los más
rápidos para solucionar el problema de un estreñimiento ocasional. Pero
no puede abusarse de ellos por lo que si se padece estreñimiento crónico
hay que buscar otra solución. Quizás
más adecuados -aunque más lentos- sean los laxantes "formadores de
masa" que retienen agua en el intestino a base de hemicelulosa o
lactulosa. Entre ellos, los mejores son las semillas de hierba
zaragatona y la ciruela. Las semillas de zaragatona deben tomarse por la
noche, en dosis de una o dos cucharadas soperas junto con 2 a 3 vasos
de agua ya que, en contacto con la misma, se abren formando una gran
cantidad de mucosidad indigerible que "limpia" el intestino. El problema
es que si se toma en seco puede llegar a producir obstrucciones
intestinales. Para evitar ese problema puede ponerse la misma cantidad
de semillas en medio litro de agua y al día siguiente ponerse la masa
resultante en enema con una pera de irrigación al estilo antiguo. En
cuanto a los productos con fibra natural para combatir el estreñimiento
crónico hay que decir que son los más adecuados a medio y largo plazo.
Así que, si por alguna razón no toma suficientes alimentos con fibra,
recuerde que hay en el mercado preparaciones de fibra natural en
cápsulas o en forma de bebidas que no tienen efectos secundarios ni
crean hábitos patológicos por lo que son una buena ayuda para resolver
el problema, junto con una alimentación correcta, mucho líquido y
ejercicio moderado.
ALIMENTOS RICOS EN FIBRA
Todos
los vegetales tienen celulosa -fibra- en mayor o menor cantidad que
nuestro intestino no puede digerir por lo que, aparte de su valor
nutricional, deben ser incluidos en una dieta sana y equilibrada. Las
verduras de hoja -como la espinaca, la borraja y la acelga- son ricas
en fibra. Igualmente lo son otras verduras como la coliflor o el repollo
pero éstas suelen producir gases, razón por la que las personas con
tendencia a la aerofagia o que padezcan de colon irritable deben
abstenerse de tomarlas. En
cuanto a las ensaladas verdes -lechuga, berro, escarola, canónigos,
trébol dulce o brotes de soja, por ejemplo-, además de proporcionar
fibra en buena cantidad ayudan en el proceso digestivo al contener mucha
vitamina U, que es gastroprotectora. Las
legumbres, por su parte, constituyen uno de los éxitos de la cocina
mediterránea precisamente por su riqueza en fibra. Los garbanzos,
lentejas y judías tienen, además de aminoácidos y ácidos grasos
poliinsaturados, una enorme cantidad de fibra que los hace complemento
adecuado de cualquier dieta equilibrada. Los
cereales -base de nuestra alimentación- tienen el problema de que en
sus actuales presentaciones de pan y bollería se les quita la cáscara,
con lo que pierden no solo fibra natural sino también aminoácidos. Por
eso es mucho más sano y adecuado el consumo de cereales integrales. Y,
por supuesto, la fruta. Algunas de ellas -como el kiwi, las ciruelas o
las uvas- tienen sustancias de efecto laxante en su composición por lo
que pueden ser usadas, además de por su contenido en fibra, por su
efecto acelerador del tránsito intestinal. La manzana, que cocida es
astringente, en crudo tiene un efecto regulador del ritmo intestinal,
especialmente si se come con piel (bien lavada con agua clorada), que es
rica en pectina. En suma, la
fruta tiene en general un alto contenido de fibra por lo que debe
consumirse regularmente pero preferiblemente en ayunas.
PREVENIR EL CÁNCER
Según
un artículo aparecido en el último boletín del Anderson Cancer Center
de Texas, aproximadamente un tercio de las 50.000 muertes anuales por
cáncer que se registran en Estados Unidos están relacionadas con
factores de dieta y nutrición por lo que da consejos para reducir los
riesgos. Ciertos nutrientes
-especialmente vitaminas naturales que se encuentran en los alimentos-
pueden proteger al ADN y prevenir o disminuir la posibilidad de
desarrollo tumoral. Una alimentación baja en grasas y rica en frutas,
legumbres y verduras parece ser el mejor preventivo contra numerosos
tipos de cáncer, especialmente los de esófago, cavidad oral, estómago,
recto y pulmón. El estudio
propone un plan de cinco puntos muy sencillos para cambiar los hábitos
nutricionales con vistas a una mejor prevención de los factores
desencadenantes del cáncer: -Coma frutas o verduras de cinco a nueve veces al día. Pero no lo haga después de las comidas sino preferiblemente en ayunas. -Tome
cereales integrales en todas las comidas. Copos, pan integral, pasta
integral y cereales con cáscara que aportarán la fibra necesaria para
prevenir el cáncer de colon. -Haga
una dieta pobre en grasas. Las dietas con alto contenido en grasas,
especialmente animales, están relacionadas con el cáncer de mama, colon y
próstata. Retire toda la grasa de las carnes y la piel del pollo antes
de cocinarlas y, mejor aún, sustituya la carne por legumbres. -Limite
el consumo de alcohol. No más de dos vasos de vino o cerveza al día
(uno para las mujeres). El alcohol está relacionado con el cáncer de
mama, colon e hígado y, cuando se combina con tabaco, aumenta de forma
notable el riesgo de cáncer de pulmón así como los de cabeza y cuello. -Recuerde
que las calorías cuentan. La obesidad también se relaciona con el
aumento de riesgo de muchos tipos de cáncer, incluyendo los de mama y
colon.

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